Perder el Horizonte

 

}
Imagen tomada de: https://kknews.cc/design/zrnpevg.html

La arquitectura contemporánea ha operado bajo la premisa de que la claridad espacial es un imperativo ético y funcional, centrando gran parte de sus esfuerzos en proporcionar una "capa de orientación" que permita al cuerpo humano situarse con precisión en el tiempo y el espacio. Sin embargo, a la luz de los planteamientos fenomenológicos de Dalibor Vesely, es posible cuestionar si esta transparencia absoluta es siempre deseable para la experiencia humana. Vesely argumenta, a través del experimento de las gafas que invierten la visión, que las coordenadas espaciales (arriba, abajo, izquierda, derecha) no son condiciones abstractas preestablecidas en el mundo, sino el resultado de un proceso de articulación constante entre el cuerpo y su entorno. Al imponer una desorientación deliberada, la arquitectura puede romper la pasividad de la "capa visual" y obligar al sujeto a descender hacia la "estructura profunda" del espacio, aquello que permanece invisible pero que constituye el verdadero cimiento de nuestra relación con el mundo y la cultura.

Esta resistencia a la claridad inmediata encuentra un fundamento en la crítica a la noción de un espacio objetivo y homogéneo, propio de la ciencia moderna, que se entrega a la mirada de una sola vez. Al desafiar esta homogeneidad, la arquitectura recupera su carácter recesivo, donde lo fundamental no es lo que se ve sino lo que está latente como posibilidad. El Templo del Agua de Tadao Ando ejemplifica esta transición: el uso de muros curvos que se oscurecen progresivamente guía al cuerpo a través de una desorientación que funciona como una "muerte simbólica" de las referencias mundanas. Al perder el horizonte y las coordenadas habituales bajo el nivel del agua, el habitante abandona las condiciones del mundo natural para acceder a una capa antropológica más profunda, donde el espacio no se mide con la vista, sino con la presencia táctica y existencial del cuerpo.

Esta desconexión visual abre paso a lo que Alberto Pérez denomina attunement o sincronía, una armonización emocional y rítmica entre el cuerpo y la atmósfera que lo rodea. La desorientación deliberada no busca el caos, sino una "entonación" superior: al no poder confiar en la capa superficial de la visibilidad, el sujeto se ve obligado a sincronizar sus emociones y hábitos con la tonalidad del entorno. En las intervenciones de artistas como James Turrell u Olafur Eliasson, donde el horizonte desaparece y la luz se materializa eliminando la profundidad, los colores se aplanan y pierden su referencia y los puntos guia conecnionales pierden su sentido, se produce una ruptura en el espacio-tiempo que congela la percepción. Esta pérdida de referencias externas obliga a una empatía constante entre los seres humanos y el mundo, permitiendo que la arquitectura deje de ser un mero espectáculo fotográfico y vuelva a ser un soporte simbólico capaz de crear sentido para la comunidad

Para concluir, proponer la desorientación como una forma de resistencia permite entender la arquitectura como una disciplina de la latencia, donde el espacio nunca se ofrece de manera completa o acabada. Al igual que un palimpsesto, la forma del habitar está hecha de huellas sucesivas y significados que se decantan en el tiempo. Diseñar para lo invisible, para aquello que es recesivo, es una forma de reconocer que la verdadera orientación no proviene de un istema de señas claras y explicitas, sino de la capacidad del cuerpo para articularse con una estructura profunda que resuena con su propia naturaleza. Así, la arquitectura no solo nos dice dónde estamos, sino que, al desorientarnos, nos devuelve la conciencia de cómo somos en relación con la tierra y los demás.


Comentarios

  1. Me pareció un texto muy interesante porque plantea una forma diferente de entender la arquitectura, en lugar de ver la desorientación como un problema, muestra cómo puede convertirse en una herramienta para que las personas vivan el espacio de una manera más consciente y significativa.
    Creo que la relación entre el cuerpo, la percepción y el entorno está bien explicada, aunque en algunos momentos el texto podría ser un poco más directo para facilitar su lectura, en general, transmite una idea clara y deja una reflexión valiosa sobre cómo experimentamos la arquitectura.

    ResponderEliminar
  2. El texto formula una sólida defensa de la desorientación como recurso fenomenológico, pero por momentos parece como si toda la claridad espacial y la brevedad de la experiencia. Esta postura es capaz de convertir la desorientación en un valor similar, cuando su poder depende precisamente del contraste con momentos de orientación y reconocimiento. Una arquitectura que no permite comprender el espacio puede ser tan reduccionista como una que lo revela completamente desde el primer momento. El verdadero desafío no consiste en ocultar el mundo, sino en determinar su revelación. La fenomenología no busca reponer la claridad a través de la confusión, hasta que demuestre que el significado arquitectónico

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Antes del muro: cuerpo, espacio y habitar en la arquitectura

La arquitectura como construcción de orientación: cuerpo, recorrido y memoria espacial