La Piel y El Muro; Extensión de los Sentidos hacia el Horizonte

Uno de los postulados más fuertes de la arquitectura moderna y de uno de sus grandes exponentes, Le Corbusier, considera que el edificio debe enmarcar, controlar su entorno, a la naturaleza, y en cierta parte es cierto, una vivienda debe implantarse y adaptarse a los factores externos que la rodean, responder al clima, a la orientación, a la topografía inmediata. Pero esa adaptación no puede leerse únicamente en un sentido — la arquitectura también es intervenida por la naturaleza, se deja habitar por ella tanto como la habita, no es una jerarquía que se ejerza sobre ella, sino una relación mutua. Esto se deja al descubierto con la obra de David Leatherbarrow, quién propone casi que una completa disolución de límites físicos entre lo construido y lo que no, usando como intermedio al cuerpo y la actividad para generar una especie de contemplación distinta; la lateralidad, una percepción inconsciente, en segundo plano de lo que se puede ver con lo que estas tocando y realizando en ese preciso instante, básicamente habitar sin una atención consciente.


Cada construcción debería tener un impacto más allá de un muro perimetral, pues ese muro nunca ha sido un borde definitivo, sino apenas la superficie más visible de una relación mucho más extensa. Poniéndolo en perspectiva, lo que nos recubre – la piel – no es nuestro borde, sino la posibilidad de dar una continuidad a nuestros sentidos y percibir las cosas; asimismo, el muro debería dialogar con su entorno y extenderse en el espacio, en vez de operar como una barrera que separa un adentro protegido de un afuera hostil — que es, en el fondo, la lógica que subyace a la lectura más estricta del postulado “corbuseriano”.


Esa continuidad, sin embargo, no es solo sensorial ni ocurre en abstracto: tiene una base conceptual precisa en la noción de topografía que Leatherbarrow hereda y transforma a partir de Dalibor Vesely. Las coordenadas descritas por Vesely, implican para Leatherbarrow crear una relación entre la capa de orientación y la topografía, proyectando la fisonomía del proyecto con base a las experiencias corporales y los sentidos. Permitiendo difuminar los límites del edificio con lo visible, “apagar” esta capa significaría negar un contexto y la riqueza espacial que puede ofrecer está para el proyecto. Podemos catalogar esta tendencia arquitectónica como Arquitectura del lugar, tomar postulados universales y reinterpretarlos al sitio que se va a realizar.


Un ejemplo de esto es Can Lis, la vivienda de Jorn Utzon en Mallorca, esta construcción organizada por patios referenciados no únicamente al litoral que bordea si no a la posición del sol que se busca en cada espacio, una iluminación pensada para que te acompañe mientras realizas cierta acción, no sólo para sentir como la luz llega a la persona en un magnífico halo de luz,  podríamos decir que de manera análoga a las composiciones de Loos en alzado, quien primero piensa en la necesidad del cuerpo para una función especifica y luego adapta, como una membrana la envolvente.


No solo es el espacio lo que hace de Can Lis interpretar muy bien su entorno, su materialidad proveniente de las canteras mediterráneas y empleada desde antaño para regular factores climáticos al interior de la vivienda. Esta misma condición material proporciona una estética de ruina – al igual que en el Museo Hombroich – denotando un profundo respeto por como se moraba antiguamente en esa zona. Sin hacer que la casa sea de entrada una fuerte protagonista por contraste sino por su espacialidad y por cómo integra la vegetación a la vivienda sin forzarla.


La disposición de la vivienda, al no ocupar el lote entero o destinar áreas específicas de llenos y vacíos, permite a Utzon componer un recorrido pensado en el bienestar de quien habita, espaciando los pabellones por medio de los patios, un recurso técnico con el cual incluso soluciona las ventilaciones y además sigue con la idea de lateralidad vista con Leatherbarrow, al caminar entre estos patios el mar está presente pero no de manera frontal ni obligatoria, en cambio te acompaña en esos breves intersticios. En este caso, la casa no tiene un recubrimiento de los espacios pues es el propio entorno mimetizado y comprendido el que la cubre.


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