La esencia del habitar como fundamento del construir.

 La esencia del habitar como fundamento del construir.

Heidegger comienza su libro cuestionando la visión técnica tradicional que separa el construir del habitar, donde el primero se considera simplemente un medio para alcanzar el segundo sin ir más allá dentro de las dos de manera conjunta y por medio de cada una por separado. Para el autor, habitar no es meramente el resultado de construir, sino que el construir es ya en sí mismo un modo de habitar, a través de un análisis etimológico, señala que la palabra del alto alemán antiguo para construir, buan, significa "habitar", lo que implica permanecer o demorarse en el proceso, esta conexión revela que el modo en que los seres humanos "somos" sobre la tierra es, fundamentalmente, el habitar no habitamos porque hayamos construido, sino que construimos y hemos construido en la medida en que habitamos, por tanto, el habitar se define como el rasgo fundamental del individuo, una forma de estar en el mundo que implica preservar y cuidar, permitiendo que las cosas descansen en su propia esencia y que no tengan el riesgo de desaparecer.

El marco del habitar: El concepto de habitar en Heidegger está ligado a lo que él denomina la Cuaternidad (Geveirt). Los mortales habitan en la medida en que salvan la tierra, acogen el cielo, esperan a lo o los divinos y conducen su propia esencia ante la espera de la muerte y el momento del surgimiento de esta.

La Tierra: Es lo que sostiene y florece, sirviendo de base para la existencia.

El Cielo: Representa el curso del sol, las estaciones y las inclemencias del tiempo.

Los Divinos: Son los "mensajeros de la divinidad" que marcan la presencia o ausencia de lo sagrado.

Los Mortales: Son los seres humanos, definidos por su capacidad de morir "como muerte".

Habitar significa, entonces, mantener esta unidad originaria de los cuatro en las cosas el hombre no está "solo" en el mundo, sino que su existencia se despliega en esta interrelación constante con lo terrenal, lo celeste, lo sagrado y su propia finitud. El cuerpo, el hombre y la apertura del espacio uno de los puntos más complejos del texto es la redefinición del espacio. Heidegger critica la visión del espacio como una extensión matemática vacía (spatium o extensio) para él, los espacios no existen por sí mismos, sino que se abren a través de los "lugares" los que define como una cosa que permite que la Cuaternidad tenga un emplazamiento o un lugar visible y tangible dentro del mundo, en este contexto, la relación entre el hombre y el espacio no es la de un sujeto frente a un objeto externo. Heidegger afirma que cuando decimos "un hombre", ya estamos indicando su estancia en la Cuaternidad junto a las cosas por ende hace parte del espacio como un objeto, el hombre no "tiene" un espacio como una posesión externa; él es en la medida en que atraviesa y habita espacios, en base al cuerpo, el filósofo rechaza la idea del ser humano como un "cuerpo encapsulado" el filosofo radica en que al dirigirse, por ejemplo, hacia una salida, el hombre ya está "allí" en su pensamiento y su intención; no es solo un organismo físico que se desplaza, sino un ser que soporta y recorre el espacio en su totalidad, por ende el ser no solo se compone de algo presente, si no, de mente y cuerpo en relación o por separado, los espacios se abren porque se les deja entrar en el habitar de los hombres

Casa de patio tradicional mediterránea

El construir como expresión del habitad: En la casa de patio, el construir no es simplemente la fabricación técnica de muros para obtener un refugio siguiendo a Heidegger, esta construcción es en realidad un "dejar-habitar", la disposición de las habitaciones alrededor de un centro abierto no responde solo a una necesidad funcional, sino a un modo de ser sobre la tierra donde el habitante busca preservar su estancia junto a las cosas donde el hombre construye esta casa porque ya posee una esencia de "habitante" que busca cuidar y cultivar su entorno

La Cuaternidad (Geveirt) en el patio, la casa de patio funciona como una "cosa" que, al igual que el puente en el texto, reúne a la cuaternidad en un solo emplazamiento

La Tierra: Los muros de piedra o adobe surgen directamente del suelo, "salvando la tierra" al no explotarla como mero material, sino permitiéndole ser el sustento firme del hogar.

El Cielo: El patio central es la apertura por la cual la casa "acoge el cielo". A través de él, los moradores reciben la luz del sol, el paso de las nubes y la lluvia. El diseño permite que el cielo no sea algo ajeno, sino una parte integral del habitar cotidiano.

Los Divinos: En muchas culturas mediterráneas, el patio era el lugar del altar doméstico o del silencio contemplativo. Es el espacio donde se "espera a los divinos", permitiendo que lo sagrado tenga un lugar de manifestación en la sencillez de la luz y el agua de la fuente central.

Los Mortales: La casa es el lugar donde los seres humanos permanecen en su esencia, conduciendo su vida hacia su finitud (la muerte) de manera serena, rodeados de las cosas que cuidan.

El espacio, el lugar y el cuerpo, Heidegger explica que los espacios no son recipientes vacíos, sino que se abren gracias a los lugares. El patio es ese "lugar" que otorga un sitio a la cuaternidad y, al hacerlo, dispone el espacio de toda la vivienda. Desde la perspectiva del cuerpo, el habitante no está encerrado en una habitación como un "cuerpo encapsulado", al estar en el patio, el ser humano atraviesa y soporta el espacio; su pensamiento y su presencia están "junto a las cosas", incluso aquellas que están en el rincón más alejado de la casa. La casa de patio permite que el hombre no sea un sujeto frente a un objeto, sino un ser que habita "en medio de las cosas"


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