La arquitectura se percibe con un cuerpo, no solamente con los ojos

 Texto #3 Leann Damian Lopez Tunjano

Gran parte de la arquitectura contemporánea llega a nosotros mediante imágenes, conocemos edificios que nunca hemos visitado gracias a fotografías, renders y videos, podemos reconocer inmediatamente una obra de arquitectura y, sin embargo, no saber cómo suena, cómo cambia su temperatura o qué sensación produce tocar sus materiales. Esta situación ha fortalecido una manera particular de juzgar la arquitectura: observamos edificios como si fueran imágenes.

Pero estar frente a la fotografía de un espacio no es lo mismo que encontrarse dentro de él, el individuo es el punto inicial de la espacialidad y se encuentra englobado por el mundo.

La arquitectura moderna desarrolló herramientas extraordinarias para controlar visualmente el espacio, la perspectiva, la fotografía y posteriormente el render permitieron anticipar la apariencia de un edificio antes de construirlo, sin embargo, existe el riesgo de confundir esa apariencia con la experiencia arquitectónica completa.

Una posición interesante es recuperar el carácter multisensorial de la arquitectura, la experiencia espacial no depende únicamente de los ojos: materia, escala y espacio son percibidos conjuntamente por la vista, el oído, el tacto y olfato.

Un ejemplo que permite desarrollar esta discusión es la Iglesia de la Luz de Tadao Ando, en Ibaraki, Japón. Muchas personas conocemos esta obra inicialmente desde una fotografía, o un conjunto de ellas, su imagen es muy reconocible un espacio de concreto oscuro y una abertura en forma de cruz por la cual entra la luz, vista de esta manera, la iglesia podría reducirse fácilmente a una composición visual entre luz, sombra y geometría, pero la experiencia corporal introduce otras condiciones.

El concreto produce una presencia material específica. La luz exterior no ilumina homogéneamente el espacio, sino que genera un fuerte contraste, el ojo debe adaptarse a la oscuridad interior, la percepción no ocurre instantáneamente, el cuerpo entra y necesita tiempo, este tiempo de adaptación también es arquitectura.

La luz, las sombras, los reflejos y el color participan en la manera en que las cosas llegan a hacerse visibles ante nosotros, no son simplemente decoraciones añadidas a objetos previamente definidos, participan en la aparición misma de las cosas.

En el ejemplo, la cruz no funciona únicamente como una figura dibujada sobre un muro, es la consecuencia de una relación entre el interior oscuro, la abertura y la luz exterior, cuando cambia la intensidad del día, cambia también su presencia, el espacio no posee una imagen completamente estable.

Esto me parece importante porque en arquitectura solemos hablar de “la luz” como si fuera un material que pudiéramos colocar en un proyecto, en los renders incluso insertamos fuentes luminosas, modificamos intensidades y elegimos una hora específica para producir la imagen deseada, pero la luz real pertenece a una condición temporal. Se mueve y cambia.

El cuerpo también sufre cambios, no percibimos igual un espacio después de caminar bajo el sol que después de permanecer durante horas en un interior oscuro. Tampoco escuchamos de la misma manera una habitación vacía y una habitación ocupada por cincuenta personas, la arquitectura no produce una experiencia universal idéntica para todos los cuerpos.

Aquí aparece la importancia de la atmósfera, la atmósfera no es simplemente una decoración emocional, es el resultado de relaciones entre el espacio y el cuerpo, temperatura, sonido, materialidad, luz y escala actúan simultáneamente. Normalmente intentamos separar estas variables para estudiarlas: hacemos un análisis de iluminación, otro de acústica y otro de materiales, pero el cuerpo nunca recibe la arquitectura de esa manera fragmentada.

Cuando entramos en una iglesia no apagamos el oído para analizar la luz, tampoco dejamos de sentir la temperatura mientras observamos el concreto, todo ocurre al mismo tiempo.

Quizás por eso algunas arquitecturas resultan difíciles de explicar mediante fotografías, la imagen puede mostrar su forma, pero elimina el peso del cuerpo, no sentimos la distancia recorrida para llegar, el cansancio, la humedad o la temperatura.

Incluso el silencio arquitectónico es corporal, no es simplemente ausencia de sonido, un espacio mucho eco puede hacer que una persona baje instintivamente la voz, la arquitectura modifica el comportamiento antes de que exista una instrucción escrita.

Esto demuestra que el cuerpo no es un espectador pasivo de la arquitectura, percibir es también actuar, la arquitectura puede hacer que caminemos más despacio, giremos la cabeza, extendamos una mano hacia una superficie o busquemos un lugar donde sentarnos, el espacio provoca movimientos.

Por eso creo que diseñar exclusivamente mediante imágenes puede alejarnos de la arquitectura que finalmente construimos, podemos producir un render perfecto de un espacio incómodo o una fotografía puede ocultar un sonido insoportable o una temperatura desagradable. La imagen selecciona aquello que quiere mostrar, mientras que el cuerpo, en cambio, está obligado a experimentar el espacio completo.

Hay que pensar en como se atraviesa un edificio, que se va a escuchar mientras se camina, como cambia la luz durante el día y que materiales habrá y como afectaran a las personas que habiten el edificio.


Comentarios

  1. Me parece acertada la observación que se hace de la situación del diseño arquitectónico actual, muchas veces resulta sorprendente ver como las herramientas actuales que poseemos para el diseño nos ha puesto una venda llamada figura, característica que obviamente es muy importante porque va ligada al sentido de la vista, pero parece entenderse de manera canal, obviando la complejidad del espacio arquitectónico

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