Habitar no es ocupar un espacio

 Texto #2 Leann Damian Lopez Tunjano 

Una vivienda puede estar técnicamente terminada y, sin embargo, todavía no ser una casa. Puede tener muros, ventanas, instalaciones, habitaciones y cumplir todas las normas necesarias para ser ocupada. Pero existe una diferencia entre ocupar una construcción y habitarla, esa diferencia parece pequeña hasta que observamos la manera en que las personas transforman los espacios donde viven.

Movemos los muebles, colocamos objetos, cerramos algunas ventanas, abrimos otras, escogemos un lugar específico para sentarnos e incluso evitamos ciertas partes de una habitación, con el tiempo aparecen marcas, recorridos y costumbres, el espacio inicialmente diseñado por un arquitecto comienza a adquirir otra organización. Esto permite preguntarse si la arquitectura realmente termina cuando acaba la construcción o si, por el contrario, el habitante continúa construyéndola mediante su presencia.

Heidegger, en Construir, habitar, pensar, cuestiona la relación aparentemente evidente entre construir y habitar, no todo edificio es una vivienda, pero incluso las construcciones que no son viviendas participan del ámbito en el cual habitamos, para Heidegger, construir debe pensarse desde la naturaleza misma del habitar y no simplemente como una actividad técnica destinada a producir objetos.

Esta idea cambia la posición del habitante frente a la arquitectura, habitar no significa introducir un cuerpo dentro de un contenedor previamente terminado, sino establecer una relación con el mundo.

Un ejemplo utilizado por Heidegger es el puente. El puente no se limita a conectar dos orillas que ya existían completamente definidas antes de su construcción, al cruzar el río, hace que las orillas aparezcan precisamente como orillas enfrentadas y reúne a su alrededor el río y el paisaje, osea, la construcción no simplemente ocupa un lugar: contribuye a revelar las relaciones que constituyen ese lugar.

Esta reflexión puede relacionarse con Schmarsow. Para Schmarsow, la creación espacial nunca se separa completamente del sujeto, el creador y quien disfruta inicialmente el espacio aparecen vinculados porque toda delimitación espacial supone una relación con el cuerpo e incluso afirma que la arquitectura crea envolventes para nuestros cuerpos en las cuales el eje vertical central permanece vacío, definiéndose idealmente como el lugar del sujeto.

Me interesa particularmente esta idea del vacío reservado al cuerpo, normalmente pensamos que el arquitecto diseña aquello que construye: muros, pisos, escaleras y cubiertas, sin embargo quizás la arquitectura se ocupa principalmente de aquello que no construye directamente, diseñamos el vacío donde alguien caminará, se sentará, observará o encontrará a otra persona.

El problema aparece cuando ese vacío se diseña de manera tan determinada que apenas admite formas diferentes de habitarlo.

Por ejemplo, cuando existe un presupuesto que no permite construir viviendas completas con la superficie que las familias podrían necesitar en el futuro, la respuesta no es reducir simplemente el tamaño de todas las viviendas hasta producir unidades mínimas completamente terminadas, sino construir una parte de la vivienda y dejar espacio para su crecimiento posterior.

Lo interesante de un proyecto asi no es únicamente la posibilidad física de ampliar una casa, su importancia está en reconocer que el habitante participa en la transformación de la arquitectura, el edificio inicial no pretende anticipar completamente la vida futura de cada familia.

Como estudiantes aprendemos a definir programas. Dormitorio, sala, comedor, cocina, estudio. Cada espacio recibe un nombre y, con él, una serie de muebles y comportamientos esperados, una cama confirma el dormitorio, una mesa confirma el comedor, así, el dibujo arquitectónico parece indicar no solamente dónde están los muros, sino cómo debería desarrollarse la vida.

La vida cotidiana rara vez respeta completamente esas categorías, la mesa del comedor puede convertirse en lugar de estudio, cuando así se necesita, una habitación puede transformarse cuando nace un hijo, cuando alguien envejece o cuando una persona comienza a trabajar desde casa, la arquitectura permanece relativamente estable mientras el cuerpo y la vida cambian.

Por eso creo que habitar implica una apropiación y apropiarse de un espacio no significa necesariamente destruir la intención del arquitecto, puede significar completar aquello que la arquitectura dejó abierto, las ampliaciones realizadas por los habitantes producen una imagen que muchos arquitectos podrían considerar desordenada, aparecen diferentes materiales, colores, ventanas y soluciones constructivas. Pero precisamente esas diferencias hacen visible la presencia de quienes habitan.

La arquitectura afecta al cuerpo, pero el cuerpo también afecta a la arquitectura, una escalera determina una manera de ascender, pero el uso repetido desgasta algunas huellas y contrahuellas, una ventana orienta la mirada, pero el habitante decide colocar una cortina, un espacio propone un recorrido, pero las personas pueden construir otro concluyendo que la arquitectura establece condiciones y el habitante responde a ellas.

 

Por eso me parece problemático pensar el proyecto como una obra completamente terminada, esta idea puede producir arquitecturas visualmente perfectas, pero incapaces de aceptar el paso del tiempo o la transformación de sus habitantes, una casa excesivamente determinada puede obligar a que la vida se adapte constantemente al edificio.

Quizás una arquitectura que realmente permita habitar debería funcionar de otra manera, no es necesario intentar prever cada acción, podría proporcionar herramientas, espacios capaces de cambiar, límites que admitan apropiaciones y estructuras que permitan transformaciones.


Comentarios

  1. Que el proyecto realmente termina de construirse es cuando se habita, es una tesis rara vez explorada y por mi parte, bastante admirada, a lo largo de la carrera, muchas veces diseñamos con la idea de decir desde el edificio, como debe habitarse, quizás como arquitectos deberíamos buscar el generar espacios donde quien reside sea quien decide como habitar, porque muchas veces es esto lo que nos permite sentir más nuestro, cuando el espacio es una extensión de nosotros mismos y nuestra personalidad.

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  2. Este texto plantea una reflexión muy interesante porque cuestiona una idea que suele darse por sentada, que construir una vivienda es suficiente para que exista un hogar. A lo largo del escrito se entiende con claridad que habitar implica una relación mucho más profunda con el espacio, una que se construye a partir de las experiencias, las transformaciones y la vida cotidiana de quienes lo ocupan. Me parece acertada la manera en que se enlazan las ideas de Heidegger y Schmarsow con ejemplos concretos, ya que esto hace que la reflexión sea cercana y fácil de comprender. Además, el argumento sobre las viviendas que pueden crecer con el tiempo aporta una mirada crítica hacia una arquitectura que reconoce al habitante como parte activa del proyecto. Aunque en algunos momentos las oraciones son extensas y podrían dividirse para facilitar la lectura, el texto mantiene un hilo argumental sólido y concluye con una idea muy valiosa: la arquitectura no debería entenderse como una obra completamente terminada, sino como un soporte abierto que adquiere sentido y se completa a través de la forma en que las personas la habitan.

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