El No Lugar
Heidegger argumenta la existencia del “lugar”, el cual surge
al emplazar una cosa en donde puede habitar, al mismo tiempo, la cuaternidad
(los mortales, los divinos, el cielo y la tierra). En palabras sencillas, es
construir en búsqueda de la permanencia del hombre junto a las cosas y crear un
espacio que acoja al cielo y a la tierra. Claramente, es un pensamiento
abstracto, llegando a ser hasta metafórico, pero me centraré en dos aspectos
relevantes: la existencia del sitio en sí mismo y la posterior creación del
lugar.
El sitio existe de por sí. No es un punto de referencia ni
se distingue en su horizonte; pero cuando colocamos una “cosa”, es posible
considerar la creación de un horizonte que reconozco y que me reconoce a mí
como un “Yo”. Por ejemplo, una piedra que se erige de manera vertical se vuelve
una ubicación, generando una relación entre un yo, la piedra y el entorno.
Cuando la ubicación crea un “habitar”, es entonces cuando podemos comenzar a
usar la palabra “lugar”.
Es complejo tratar esta palabra debido a que la mejor
definición que nos da Heidegger respecto al “lugar” es que permite reunir a la
cuaternidad. ¿Pero qué significa esto?
Primero, partamos de la idea de que “habitar” no
necesariamente se refiere a una vivienda; también puede referirse a puentes,
parques o cualquier otro equipamiento.
Por otra parte, cuando Heidegger se refiere a la tierra y al
cielo, escribe que el lugar les permite ser libres en su esencia, no busca
subyugarlos.
Por último, él se refiere a la humanidad como mortales
debido a su capacidad de morir (el lugar está hecho para seres de carne) y a los divinos como esa apertura precavida hacia lo inesperado, la entrada a la
esperanza.
Ahora, ¿qué ocurre cuando un sitio falla en su proceso de
volverse lugar? Cuando subyuga a la tierra, le resta importancia al cielo y
olvida a la divinidad, se convierte en un espacio pensado para deshabitarlo. Un
puente pensado para evitar la permanencia del hombre, pues su existencia es
efímera en la mente de los mortales, deja un mal sabor de boca porque tampoco
logra pasar desapercibido. Eso podría definirse como un no lugar.
Un ejemplo de la existencia del no lugar es el puente
peatonal de TransMilenio en la ciudad de Bogotá, y así como pasa acá, sucede
igual con la mayoría de los puentes peatonales en el mundo. ¿Es posible decir
que su construcción fue fallida? ¿O acaso se puede admitir la existencia de
terceros lugares no pensados para habitar, sino todo lo contrario, para
deshabitar, funcionando únicamente como una zona de paso?
Por un lado, tenemos la idea del no lugar como una falla en
la búsqueda del habitar, y por otro, tenemos al no lugar como un sobrante del
habitar. No es posible negar a ninguno de los dos, pero ambos, aun compartiendo
el mismo término, poseen esencias diferentes:
El no lugar como un sobrante se puede entender mejor si lo
definimos como un “tercer espacio”. Funciona como el opuesto al lugar como
habitar, pues en este no se busca la permanencia, sino el recorrido. Se vuelve
necesario para pasar de un lugar a otro, pero no sirve como punto de referencia
ni ubicación; pues si fuera así, no tendría su término de “tercer espacio”
(habría sido un sitio y habría pasado a ser un lugar).
De cierta manera, es posible observar esto en los andenes de
las calles residenciales de Bogotá. El andén es aquel residuo que queda de la
calle (el espacio para los autos) y las casas. Es un residuo que se considera
necesario, pero no lo podemos considerar un entorno pleno, ya que fue
modificado específicamente para ser un “tercer espacio”. Allí no existe una
permanencia ni un habitar. Aunque se podría refutar esta idea argumentando cómo
es posible elegir un andén (un espacio transitorio) como un sitio capaz de
volverse un habitar, anteriormente ya aclaramos que habitar no equivale
obligatoriamente a una vivienda, y hasta un puente puede llegar a tener la
connotación de habitar.
El otro término es el no lugar tal y como su propio nombre
indica: un sitio que en su proceso de volverse lugar falló. Ya no retrocede a
ser un simple sitio, sino que se queda estancado como un no lugar. Es un
espacio que impide el habitar (entendido en su etimología como “cultivar”).
Funciona como punto de referencia y ubicación, pero, al igual que una roca
erigida verticalmente, no es capaz de albergar a los mortales ni a la propia
divinidad.
Me parece muy interesante tu aproximación al tema, me gustó cómo, en términos de Heidegger, queda más o menos claro qué es un Lugar, espacios de permanencia, espacios habitables. Sin embargo me quedan más dudas que respuestas en cuanto a los No Lugares, en el texto se plantean dos definiciones, espacios sobrantes y espacios que no están destinados a ser habitados; ambos comparten lo esencial, impiden el habitar, pero entonces, ¿el puente de TransMilenio realmente "falló" o nunca intentó ser lugar? Porque si fue concebido como infraestructura de paso, es funcionalmente idéntico al andén.
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