El HOGAR, la arquitectura del ser
Casa Barragán, Luis Barragán
¿Qué pasaría si pudieras diseñar tu propia casa? Esta pregunta encuentra una respuesta material en Luis Barragán y su célebre Casa Barragán, al diseñar su propia vivienda en un barrio popular de Ciudad de México. Barragán afirmaba que cada hombre debería tener su jardín secreto, la Casa Barragán fue el suyo. Lo que hace excepcional a este proyecto no es solo su calidad arquitectónica, sino el hecho de que el arquitecto se convierte en usuario absoluto. Diseñada por él mismo y para él mismo, la casa es un autorretrato espacial.
Analizar esta obra implica comprender cómo un creador proyecta su propio universo doméstico, y para ello, se hará de afuera hacia adentro, tal como Barragán concibió su proyecto.
El arquitecto conserva las tradiciones de la arquitectura popular mexicana, la casa se cierra al exterior para abrirse al interior. Esta es la razón de ser de su fachada, es austera, plana, de una tonalidad gris que evita resaltar. La fachada no busca ser admirada, actúa, más bien, como una frontera fenomenológica, es un muro que protege un mundo interior, el mundo de Luis Barragán.
Esto deja claro que la casa no fue hecha para ser vista desde afuera, sino para ser habitada y experimentada desde su interior. Este primer filtro es una declaración de intenciones, lo exterior es hostil o indiferente, y lo interno es un santuario casi intimo que debe ser resguardado.
Al traspasar esta barrera, queda claro que Barragán no se conformó con diseñar espacios funcionales que satisficieran sus necesidades profesionales o habituales, él fue más allá, creó atmósferas donde el simple hecho de existir puede convertirse en una experiencia amena, casi litúrgica. Cada rincón, cada altura de techo, cada cambio de plano está pensado para provocar una emoción, para ello, el arquitecto utilizó dos recursos claves, y profundamente arraigados al a su propio pensamiento y personalidad. Primero, los materiales locales, piedra volcánica, maderas de la región y muebles tradicionales, que sintonizan su arquitectura con su propia identidad, y el segundo, el más sutil y universal, es el que verdaderamente moldea la atmósfera de cada espacio, la luz.
Barragán trabaja la luz como un material plástico, esta entra parcialmente al edificio mediante ventanas estratégicamente ubicadas, celosías y pequeñas aberturas que filtran el sol. En todos los casos, el arquitecto busca mantener la penumbra en su justa medida, dependiendo de la función y el carácter de cada estancia, de esta manera, la penumbra adquiere la capacidad de cambiar radicalmente la percepción espacial, diluyendo los límites y fomentando la introspección.
Por su lado, la herramienta clave para esculpir y trabajar con precisión la luz es el color. Barragán utiliza pigmentos vibrantes, amarillos, rosas, azules, colores que atrapan la luz y la reflejan o la absorben de diversas formas, para jugar así con esta sensación de penumbra. Este particular uso del color, hace que recorrer el edificio se transforme en una experiencia háptica, donde la percepción no solo es visual, sino corporal, el espacio se siente con todo el cuerpo al variar la temperatura lumínica y cromática.
Al final de la casa, en el extremo opuesto de la fachada, al adentrarse en el mundo de Barragán, se encuentra el patio, este ocupa casi la mitad del lote, es un gran espacio abierto colmado de naturaleza. Aquí, el arquitecto buscó domesticar la naturaleza, traerla en su justa medida al refugio doméstico, el patio no es naturaleza salvaje, sino naturaleza contenida y contemplativa. La casa es un micro mundo, ¿Qué sería de un mundo sin naturaleza?
Estos tres elementos, fachada, espacios intermedios y patio, se complementan entre sí para conformar una experiencia secuencial y jerárquica. La fachada es el primer filtro, un muro fronterizo que aísla el mundo exterior hostil. Luego, existe un espacio intermedio donde la luz, los materiales y el confort se vuelven protagonistas, correlacionándose con la percepción del espacio y la experiencia personal del habitante. Finalmente, existe la división entre el mundo doméstico y la naturaleza. La relación entre estas tres instancias se hace especialmente tangible en el tratamiento de las ventanas, las que dan al exterior (mundo doméstico vs mundo hostil) son pequeñas, cerradas, apenas permiten el paso de la luz, impiden ver lo que hay del otro lado, manteniendo el misterio y la protección; en cambio, las ventanas que dan al patio (mundo doméstico vs naturaleza) son amplias y claras, permitiendo una división sutil y amable entre el templo y los árboles. Mientras que el mundo exterior queda completamente aislado, el mundo natural se integra como una extensión del hogar.
En conclusión, Luis Barragán utilizó todos estos recursos, su sensibilidad corpórea y su profundo entendimiento de la arquitectura, para diseñar no solo su casa, sino la casa por excelencia. La Casa Barragán es un espacio sacro que busca confortar las actividades básicas del hogar, dormir, despertarse, habitar, trabajar, incluso al invitar huéspedes. De la misma forma en la que un sastre crea un traje a la medida para un cliente, Barragán creo esta casa a la medida para sí mismo.

El texto sobre la Casa Barragán permite comprender la arquitectura como una experiencia que trasciende la dimensión funcional y material para convertirse en una forma particular de habitar y percibir el mundo. En este sentido, la obra puede interpretarse desde las ideas de autores como Heidegger, quien entiende el habitar como una condición esencial del ser humano. La casa de Barragán no se limita a resolver las necesidades cotidianas de su usuario, sino que construye un refugio íntimo en el que el habitante puede establecer una relación profunda consigo mismo, con la naturaleza y con el espacio que lo rodea. Esta experiencia también puede relacionarse con Schmarsow, para quien la arquitectura se comprende fundamentalmente a partir del espacio y de la experiencia del sujeto que lo recorre.
ResponderEliminarLa idea de la casa como un 'autorretrato espacial, resulta una buena entrada para el análisis, porque permite interpretar muchas de las decisiones del proyecto como una expresión de la forma en que Barragán entendía su propio habitar, y no únicamente como recursos formales característicos de su arquitectura."
ResponderEliminarLa idea de la Casa Barragán como un autorretrato espacial es el aspecto más interesante del texto, porque permite comprender cómo la arquitectura puede expresar la identidad y la manera de habitar de una persona. También resulta muy acertado el recorrido planteado desde la fachada hasta el patio, ya que explica cómo cada elemento construye una experiencia secuencial donde la luz, el color, la materialidad y la naturaleza adquieren un papel fundamental. La casa no fue concebida como un objeto para ser admirado desde el exterior, sino como un refugio pensado para ser vivido, haciendo evidente la sensibilidad con la que Barragán transformó su visión personal del habitar en arquitectura.
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