El espacio define la ciencia
El espacio define la ciencia en la medida en que toda disciplina incluida la arquitectura, nace de la necesidad de subdividir y trabajar el espacio, es decir, de encontrar un método para operar sobre algo que antes de ser pensado ya existe como condición previa del conocimiento. Frente al espacio geométrico, homogéneo y medible, surge la idea de un espacio heterogéneo, uno que no está dado de antemano sino que se crea a partir del cuerpo: es la experiencia corporal la que introduce diferencias, jerarquías y cualidades donde la ciencia clásica solo veía extensión neutra. Esta tensión se profundiza con la llegada de la modernidad, en el siglo XX, momento en que la ciencia y el arte, se distancian, y el conocimiento se vuelve tan complejo que exige nuevas formas de pensamiento capaces de darle forma a un saber cada vez menos evidente. Así, el espacio no es simplemente el objeto que la ciencia estudia, sino la condición misma que la orienta y le exige un método: el espacio no espera a ser explicado, sino que transmite una sensación que precede y da forma a cualquier intento de conocimiento riguroso.
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