El cuerpo que la casa no previó
El
cuerpo que la casa no previó
Los límites de la transparencia moderna
Los límites de la transparencia moderna
Hanna Fagua Mateus
La Villa Savoye (1929) suele presentarse como el ícono de la
arquitectura moderna; una caja blanca suspendida sobre pilotes, sin
muros de carga, abierta al paisaje mediante ventanas corridas, remata con una
terraza que dialoga con el cielo. Le Corbusier la concibió como la materialización
de sus cinco puntos de esa nueva arquitectura: planta libre, fachada libre,
pilotes, ventana corrida y terraza jardín; y con ella, un ideal de espacio
racional, ligero y universal. Pero si se observa esta obra no desde la teoría
del proyecto, sino desde la experiencia de quien efectivamente la habita,
aparece una pregunta incómoda: ¿ese espacio "universal" fue pensado
realmente para cualquier cuerpo, o para uno muy específico?
La filosofía de Maurice Merleau-Ponty ofrece herramientas precisas para
abordar esta pregunta. En Fenomenología de la percepción, el
filósofo francés plantea que el cuerpo no es un objeto más entre los objetos
del mundo, sino la condición misma desde la cual el mundo se vuelve
perceptible. No hay un "yo" que observe el espacio desde ningún
lugar neutro, el cuerpo, con su postura, su equilibrio, su temperatura, su
cansancio, es el lugar desde donde toda arquitectura cobra sentido. Habitar,
entonces, no es un acto abstracto de ocupar un volumen, sino un proceso
en el que el espacio se encarna y cobra significado.

Bajo
esta mirada, varios de los gestos más celebrados de la Villa Savoye empiezan a
mostrar dilemas. La rampa, pensada por Le Corbusier como una "promenade
architecturale" que uniría los niveles en un recorrido continuo
y casi cinematográfico, exige del cuerpo un esfuerzo sostenido que la imagen
arquitectónica rara vez registra, como el peso de las piernas, la respiración
agitada, la mirada que debe repartirse entre el paisaje y el propio equilibrio.
La ventana corrida, que abre el horizonte de manera panorámica, también
aplana la relación entre el cuerpo y el paisaje, se mira mucho, pero se pierde
la posibilidad de detenerse en un punto, de enmarcar una vista propia, de apropiarse
de un rincón. Y la terraza jardín, sin aleros ni sombra construida,
convierte el ideal de "naturaleza incorporada a la vivienda" en una
superficie expuesta al sol y a la intemperie, donde permanecer largo tiempo
resulta, en la práctica, poco acogedor.
Estas tensiones no son anécdotas. Es conocido que Madame Savoye, poco después de mudarse, enfrentó filtraciones de agua, problemas de calefacción y una casa que, en varios sentidos, resultaba incómoda para la vida diaria. Leído desde la fenomenología, esto no es solo una falla de impermeabilización, es el síntoma de una arquitectura proyectada desde una idea de cuerpo que no coincide con el cuerpo que efectivamente habita, envejece, se enferma, siente frío.

Estas tensiones no son anécdotas. Es conocido que Madame Savoye, poco después de mudarse, enfrentó filtraciones de agua, problemas de calefacción y una casa que, en varios sentidos, resultaba incómoda para la vida diaria. Leído desde la fenomenología, esto no es solo una falla de impermeabilización, es el síntoma de una arquitectura proyectada desde una idea de cuerpo que no coincide con el cuerpo que efectivamente habita, envejece, se enferma, siente frío.

Aquí
conviene sumar una idea que Beatriz Colomina desarrolla en Privacy and
Publicity: la arquitectura moderna de Le Corbusier no solo propone un
cuerpo abstracto y universal, sino que ese cuerpo, en la práctica, está
implícitamente masculinizado. Colomina analiza cómo el ojo del
arquitecto, el que compone la "promenade", el que decide qué se ve y
desde dónde; organiza el espacio en función de una mirada que recorre,
controla y compone la experiencia de los demás habitantes, en particular de las
mujeres de la casa. La Villa Savoye, vista así, no es únicamente un problema de
neutralidad corporal en abstracto, sino también un problema de a quién se le
otorga el rol de recorrer y mirar activamente, y a quién se le asigna el
lugar de ser mirado o de simplemente sufrir las consecuencias prácticas de un
diseño que no lo tuvo en cuenta. La incomodidad de Madame Savoye, entonces,
puede leerse también como la incomodidad de un cuerpo doméstico, generalmente
femenino en la época, frente a una arquitectura pensada desde la mirada de
otro cuerpo, el del arquitecto, el del visitante, el del fotógrafo.
Esto no significa descartar la Villa Savoye ni negar su importancia histórica. Significa, más bien, complejizar la lectura; todo proyecto arquitectónico es, al mismo tiempo, una hipótesis sobre el espacio y una hipótesis sobre el cuerpo que lo habitará. Cuando esa segunda hipótesis se piensa como neutra, universal o abstracta, corre el riesgo de invisibilizar a los cuerpos reales, aquellos cansados, friolentos, con distintas capacidades, distintos géneros, distintas edades que terminarán viviendo ahí.
La pregunta que deja abierta este cruce entre Le Corbusier, Merleau-Ponty y Colomina no es si la transparencia moderna fracasó, sino para quién fue pensada esa transparencia y qué cuerpos quedaron fuera de su promesa. La fenomenología no ofrece un manual de diseño, pero sí una actitud, brindar siempre la atención hacia el cuerpo concreto, situado, sensible, como punto de partida de cualquier decisión espacial. Solo así el habitar deja de ser una hipótesis dibujada en planta y se convierte en una experiencia vivida, con sus incomodidades, sus afectos y también sus posibilidades de transformación.
Esto no significa descartar la Villa Savoye ni negar su importancia histórica. Significa, más bien, complejizar la lectura; todo proyecto arquitectónico es, al mismo tiempo, una hipótesis sobre el espacio y una hipótesis sobre el cuerpo que lo habitará. Cuando esa segunda hipótesis se piensa como neutra, universal o abstracta, corre el riesgo de invisibilizar a los cuerpos reales, aquellos cansados, friolentos, con distintas capacidades, distintos géneros, distintas edades que terminarán viviendo ahí.
La pregunta que deja abierta este cruce entre Le Corbusier, Merleau-Ponty y Colomina no es si la transparencia moderna fracasó, sino para quién fue pensada esa transparencia y qué cuerpos quedaron fuera de su promesa. La fenomenología no ofrece un manual de diseño, pero sí una actitud, brindar siempre la atención hacia el cuerpo concreto, situado, sensible, como punto de partida de cualquier decisión espacial. Solo así el habitar deja de ser una hipótesis dibujada en planta y se convierte en una experiencia vivida, con sus incomodidades, sus afectos y también sus posibilidades de transformación.
Bibliografía
- Le Corbusier. (1929). La Villa Savoye. En Le Corbusier, Hacia una arquitectura (trad. Antonio Bonet). Barcelona: Apóstrofe, 2001.
- Merleau-Ponty, M. (1945). Fenomenología de la percepción (trad. J. Ponciano). Buenos Aires: Ediciones Península, 2001.
- Colomina, B. (1992). Privacy and Publicity: Modern Architecture as Mass Media. Cambridge, MA: The MIT Press.
El texto está muy bien logrado porque no se limita a repetir la lectura clásica de la Villa Savoye, sino que la pone en crisis desde una pregunta muy concreta: qué cuerpo estaba realmente previsto para habitar esa casa. Ese giro hace que la crítica no sea puramente formal ni técnica, sino fenomenológica y política al mismo tiempo, y ahí está su mayor fortaleza.
ResponderEliminarLa articulación entre Merleau-Ponty y Colomina está muy bien manejada. Usas la fenomenología para mostrar que el espacio solo cobra sentido desde un cuerpo situado, cansado, friolento, envejecido, y luego incorporas la dimensión de género para mostrar que ese “cuerpo universal” de la modernidad tiene en realidad rasgos masculinos implícitos. Esa combinación evita que el texto se quede en una abstracción y le da una capa crítica muy potente: no se trata solo de que la casa incomoda, sino de quién resulta incómodo y por qué.
La selección de ejemplos internos es precisa: la rampa, la ventana corrida y la terraza jardín sirven para mostrar que los cinco puntos no son neutros cuando se traducen en experiencia cotidiana, y la referencia a la incomodidad de Madame Savoye aterriza muy bien la crítica en una figura concreta ligada a problemas técnicos y de uso diario. Ahí se ve claramente cómo una hipótesis de cuerpo ideal se confronta con un cuerpo real. Si quisieras afinar aún más el texto, podrías añadir una frase que conecte esa incomodidad histórica con situaciones actuales en vivienda moderna, para que la reflexión no parezca cerrarse solo en ese caso.
En términos de cierre, la última sección está muy lograda: no demonizas la Villa Savoye, sino que propones complejizar la lectura y recordar que todo proyecto es también una hipótesis sobre el cuerpo que lo habita. Esa idea de “hipótesis sobre el cuerpo” es muy potente y resume bien el aporte del texto. Podría incluso aparecer antes, como frase guía, porque condensa todo lo que vienes argumentando. En conjunto, es un comentario crítico muy claro, con buena base teórica y con un tono que encaja muy bien en el blog del curso.
La reflexión sobre el cuerpo para el que se diseña la arquitectura es el aspecto más interesante del texto, porque cuestiona la idea de que los espacios modernos son realmente universales. La relación entre Merleau-Ponty, Beatriz Colomina y la Villa Savoye está muy bien desarrollada, ya que permite entender cómo una obra icónica puede analizarse desde la experiencia cotidiana de quienes la habitan y no solo desde sus cualidades formales. Además, el caso de Madame Savoye aporta una dimensión crítica muy valiosa al evidenciar que las decisiones de diseño también reflejan una determinada concepción del cuerpo y del habitar.
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