Diseñar para sentir

 En clase hablamos de que la arquitectura no es solo resolver un problema técnico, es también la habilidad de transmitir una emoción, y eso se me quedó rondando porque conecta directo con algo que había pensado antes sin ponerle nombre. Adolf Loos entiende que crear espacios no es simplemente llenar un plano con paredes y muebles, es entender para qué sirve cada espacio, y hacer que ese espacio te haga sentir afín con la actividad que se supone vas a hacer ahí, no basta con que un cuarto cumpla su función, tiene que además ponerte en el estado de ánimo correcto para esa función.

A eso me refiero cuando pienso en mi propia casa, si un sitio tiene la característica de ser tu lugar seguro, tu refugio, ese espacio debería estar moldeado justo para eso, puede ser más oscuro, más cerrado, más cómodo, con pocos colores, todo pensado para que ahí tu cuerpo se relaje y sienta que puede bajar la guardia. Pero si por el contrario ese espacio está pensado para invitarte a convivir con otros, entonces tiene que ser más amplio, más iluminado, con mucha ventilación, abierto, porque ese tipo de espacio necesita otra energía completamente distinta. Y así con cada diseño espacial, cada lugar debería estar pensado no solo en función de lo que ahí se hace sino de lo que ahí se siente.

Esto se conecta con algo que anotamos en clase: pensar en espacios implica imaginarlos y sentirlos, no solo en planta, y ahí está justo el problema de diseñar solamente desde el papel, en un plano uno ve medidas, ve distribución, ve circulación, pero no ve ni siente cómo ese espacio te va a hacer sentir cuando estés parado ahí dentro. También hablamos de que el ornamento no surge a voluntad, que nace de resolver un problema creativo, y yo creo que eso aplica igual para toda decisión de diseño, no es que uno ponga cosas oscuras o cerradas porque sí, o ventanas grandes porque se ven bonitas, es que cada elección responde a una necesidad emocional que el espacio tiene que resolver.

Somos seres con la capacidad de sentir el espacio de esta forma, tenemos una relación directa entre el cuerpo y las coordenadas que nos rodean, arriba y abajo, izquierda y derecha, la profundidad de lo que pasa al fondo, y el espacio nunca está vacío, siempre está arraigado al cuerpo, uno no percibe un cuarto como un volumen neutro, lo percibe con todo el cuerpo, con la piel, con cómo se mueve dentro de él. Por eso creo que diseñar debería partir de ahí, de la finalidad de que cada espacio sea algo que te anime, que te motive a percibirlo, a sentirlo, y no solamente algo que te permita cumplir una función dentro de él.

Al final creo que ahí está la diferencia entre construir un espacio y diseñar un espacio, construir es resolver el problema técnico, diseñar es entender qué quieres que la gente sienta cuando esté ahí, y moldear cada decisión, el color, la luz, la altura, la apertura o el cierre, en función de esa emoción que quieres generar. Eso para mí es lo más valioso de pensar la arquitectura desde Loos, no ver los espacios como contenedores de actividades sino como generadores de estados de ánimo.

Jose Luis Cortes

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