De la maquina de habitar a la arquitectura de la emoción. La identidad en Arquitectura.
Durante la década de 1960, la arquitectura moderna enfrenta una crisis de identidad. Los principios formulados durante las primeras décadas del movimiento dieron paso a una producción cada vez más estandarizada, asociada con el denominado Estilo Internacional, caracterizado por la repetición de soluciones formales similares en contextos geográficos y culturales diversos. Años más tarde, el teórico Kenneth Frampton analizó esta situación mediante el concepto de regionalismo crítico. Frampton cuestionó la homogeneización promovida por la modernidad ortodoxa y planteó la necesidad de una arquitectura capaz de incorporar las condiciones climáticas, topográficas y culturales de cada lugar sin renunciar a los principios modernos. Desde esta perspectiva, el Regionalismo Crítico propone una relación más estrecha entre la arquitectura y el contexto.
Antes de la formulación teórica de este concepto, el arquitecto mexicano Luis Barragán desarrolló una obra que incorporó muchos de estos principios. Sus proyectos establecen una relación constante con el paisaje, la luz, la materialidad y las condiciones propias del lugar, aspectos que posteriormente encontraría una formulación conceptual en el Regionalismo Crítico.
El Movimiento Moderno, representado por arquitectos como Le Corbusier, consolidó una concepción de la vivienda asociada a la eficiencia, la función y la racionalización del espacio, sintetizada en la conocida expresión de la casa como una "máquina de habitar". Este enfoque privilegió principios universales de diseño y promovió soluciones arquitectónicas aplicables a distintos contextos.
Barragán retoma varios recursos formales de esta tradición, como la planta libre, los volúmenes puros y la reducción del ornamento, pero les otorga un significado diferente. Su propuesta prioriza la experiencia sensorial, la privacidad y la relación con el paisaje, principios que el propio arquitecto esbozó en una frase sobre su noción de arquitectura bajo la noción de Arquitectura Emocional o de la emoción. En contraste con el uso extensivo del vidrio característico de buena parte de la arquitectura moderna, Barragán incorpora muros ciegos y de gran espesor que delimitan los espacios, controlan las visuales, regulan la entrada de la luz y fortalecen la intimidad de la vivienda. De esta manera, la organización espacial trasciende la eficiencia funcional e incorpora valores asociados a la contemplación y a la experiencia cotidiana del habitar.
Esta valoración del lugar llevó a Barragán a otorgar un papel central al paisaje dentro de su práctica arquitectónica, hasta el punto de considerar que la edificación debía asumir un papel complementario frente al entorno natural.
Desde esta perspectiva, el jardín dejó de entenderse como un espacio residual alrededor de la vivienda y pasó a constituir el núcleo de la experiencia espacial. En proyectos como Las Arboledas y Los Clubes, los volúmenes construidos delimitan recorridos, controlan la entrada de la luz, orientan las visuales y establecen una relación constante con la vegetación y el agua. La composición integra la arquitectura y el paisaje como un único sistema espacial, donde la experiencia del habitar incorpora factores ambientales, sensoriales y contemplativos además de las necesidades funcionales.
El aporte de Barragán frente a la crisis de identidad de la arquitectura moderna radica en la reinterpretación de la tradición vernácula sin recurrir a la reproducción literal de sus formas. La referencia a las haciendas, los conventos coloniales y los pueblos de Jalisco no consiste en la incorporación de elementos decorativos, sino en un proceso de abstracción de sus principios espaciales, materiales y ambientales.
A partir de esta lectura, Barragán traslada al lenguaje moderno cualidades como la presencia de la masa construida, la materialidad, la relación entre la luz y la sombra, y el papel del agua y de los patios en la configuración del espacio. Esta operación establece un vínculo entre la arquitectura moderna y las condiciones específicas del lugar, una postura que posteriormente encontraría afinidad con los principios formulados por Kenneth Frampton en el Regionalismo Crítico. la Casa Pedregal (originalmente Casa Prieto López), diseñada por Luis Barragán en 1950 dentro del fraccionamiento Jardines del Pedregal. En este proyecto, la implantación parte de las condiciones geológicas del terreno volcánico, evitando la transformación completa de su topografía. La vivienda adapta sus plataformas, desniveles y cimentaciones a la configuración natural de la roca, incorporando el paisaje volcánico a patios y jardines como parte de la organización espacial. Los muros de gran espesor y los planos de color delimitan los espacios, orientan las visuales y establecen un contraste con la vegetación y la textura de la lava. De esta manera, la arquitectura no busca imponer una geometría independiente del lugar, sino construir una relación directa con las condiciones físicas del sitio. La Casa Pedregal constituye un referente de esta aproximación proyectual al demostrar que los principios de la arquitectura moderna pueden integrarse con la topografía, la materialidad y el paisaje propios del territorio.
Estoy de acuerdo con la idea de que Barragán logra separarse de la universalización del Movimiento Moderno sin abandonar completamente sus herramientas. Sin embargo, me parece especialmente interesante que esta diferencia no ocurra simplemente en la forma del edificio, sino en la manera en que se espera que el cuerpo lo experimente. La máquina de habitar parece partir de una cierta posibilidad de anticipar las necesidades del habitante y organizar racionalmente una respuesta para ellas. En Barragán, en cambio, aparecen condiciones como la luz, la sombra, el silencio o el paisaje que no determinan una actividad específica, pero sí permiten construir una relación más personal con el espacio. Quizás la identidad de su arquitectura surge precisamente de no intentar controlar completamente la experiencia del habitante, sino de ofrecer condiciones sensibles desde las cuales cada persona puede construirla.
ResponderEliminarEl análisis del recorrido de la arquitectura moderna y como está se fue transformando de algo más rígido y conceptual a un estilo un poco más descomprimido y adaptable a los entornos en los cuales es usada. Creo que sería también muy útil hacer un poco énfasis en como surge la arquitectura moderna y de cierto modo crear un paralelismo entre la relación de esta misma con las tradiciones que inspiraron su creación.
ResponderEliminarEl texto explica con claridad por qué Barragán no es solo "modernismo con toques mexicanos": ubicas bien el contraste concreto entre el vidrio del Movimiento Moderno y los muros ciegos y gruesos de Barragán, y cómo ese cambio de material tiene una consecuencia directa controlar visuales, regular luz, proteger la intimidad en vez de quedarte en la idea general de "arquitectura emocional". El ejemplo de la Casa Pedregal también funciona bien porque no la describes solo por su color o su lenguaje formal, sino por cómo la cimentación se adapta a la roca volcánica existente, lo cual conecta con algo que se ha discutido bastante este semestre sobre topografía como condición previa al proyecto, no como terreno neutro a nivelar.
ResponderEliminarLo que sí extrañé, pensando en que la materia se llama Cuerpo y Espacio, es que el texto se queda casi todo el tiempo en la escala del historiador Frampton, el Estilo Internacional, la crisis de identidad sin bajar nunca a cómo se siente específicamente un cuerpo caminando por Las Arboledas o por el corredor de la Casa Pedregal. Mencionas "experiencia sensorial y contemplativa" pero no la describes: qué pasa con la luz en un momento del día, qué se escucha, cómo cambia el paso al entrar a un patio angosto. Con lo bien documentado que está el resto del texto, esa hubiera sido la parte que lo conectara más directamente con el eje del curso.