Anatomía del espacio II: La medida del vacío y el peso de la materia

Si la comprensión de la estancia comienza por la escala del cuerpo dentro de un espacio contenido, la experiencia no se agota entre los muros de una habitación, en el momento en que la arquitectura deja de entenderse como una caja cerrada, el problema se desplaza hacia lo que ocurre entre el edificio, el territorio y la interacción no inmediata con los sentidos , logica que desarrollo mas adelante  cómo el vacío deja de ser ausencia y la materia deja de ser mero revestimiento.

Para abordar esta transición, me acojo ala postura de Jorge Oteiza como un punto de partida revelador, Oteiza no concibe el vacío como un residuo pasivo o como la simple ausencia de construcción, no es simplemente un "no espacio" en un "no lugar" sino como una entidad con presencia y peso propio, en su proceso de desocupación de la materia, el hueco que emerge se transforma en el verdadero centro de la experiencia trasladado al ámbito habitado, este vacío activo es el que sostiene la interacción humana, así, un espacio que no se limita a contener, sino que genera una pausa, un refugio o una distancia que el cuerpo reconoce de manera intuitiva.

Esta percepción del entorno no ocurre de forma instantánea ni homogénea, sino mediante capas de experiencia, una noción que Dalibor Vesely estructura con claridad, la aproximación a un proyecto es un proceso gradual donde intervienen distintas dimensiones perceptivas,  es aqui donde expongo esta idea de la interacción no inmediata del sentido a la percepción, creando esta serie de capas un entendimiento final, primero actúa una capa topológica, esa lectura primaria mediante la cual el cuerpo reconoce continuidades, umbrales, cierres o aperturas sin necesidad de un análisis métrico a esta le sigue la capa de orientación, que utiliza la memoria corporal, los cambios de luz y la dirección para mantener el equilibrio en el recorrido por último, la capa de visibilidad gestiona lo que se muestra y lo que permanece oculto, construyendo una secuencia donde la expectativa y el descubrimiento van revelando el proyecto paso a paso.

Esa articulación entre capas y movimiento se manifiesta de forma directa en la obra de Álvaro Siza, particularmente en las Piscinas de Leça de Palmeira, proeycto en el que se ve una decisión de no imponer una masa autónoma sobre el territorio, sino que mas bien Siza opta por fragmentar el horizonte con muros de hormigón que se insertan entre las rocas de la costa, transformando el acceso al mar en un recorrido pausado, el cuerpo como parte de la lógica desciende por rampas, pierde temporalmente la línea del horizonte, la reencuentra al girar y experimenta el contraste táctil entre la precisión del concreto y la textura rugosa de la piedra natural, así se busca que la arquitectura no actúe como un ente independiente o como un filtro que no busca dominar la naturaleza, sino servir de mediación para que el usuario mida la escala del paisaje con sus propios pasos.

Mientras Siza trabaja con la topografía y el horizonte, Peter Zumthor lleva esta aproximación hacia la densidad física de los materiales en Las Termas de Vals, el proyecto se experimenta a través de una inmersión sensorial completa, y esto no se trata únicamente de la composición formal de la piedra, sino de su temperatura, su capacidad para retener la humedad y la manera en que el sonido del agua resuena en los recintos al recorrer las galerías y sumergirse en las piletas, el contraste entre la penumbra, el vapor y las grietas de luz natural apela directamente a los sentidos, recordando que la materia en la arquitectura no es un simple acabado, sino un estímulo que apela a la corporalidad.

En conjunto, el vacío de Oteiza, las capas de Vesely, los fragmentos de Siza y la densidad de Zumthor apuntan a una misma conclusión: el espacio no es una condición dada ni un escenario neutro cobra sentido únicamente en la medida en que un cuerpo lo recorre, lo habita y le otorga significado frente a un contexto donde la arquitectura con frecuencia se reduce a una imagen bidimensional o a un recurso puramente visual, recuperar la dimensión del vacío y la materia es volver al núcleo de la experiencia espacial, aquello que no solo se contempla, sino que se vive con el cuerpo, que se entiende con una serie de suposiciones y conjeturas que se crean a partir de capas que van permeando a los sentidos naturales.

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