Paisajes Estáticos y Cuerpos en Movimiento
El cuerpo no ocupa el espacio, lo cuestiona. Lo más radical es no concebir el espacio como algo que preexiste: existen los lugares, y es tarea nuestra descubrirlos. Desde siempre hemos estado frente al espacio, pero no lo habíamos habitado aún. Esa búsqueda de estar cubiertos, refugiados, nos revela algo: no buscamos la masa, sino el vacío que esta contiene, y es esa relación entre exterior e interior la que nos permite dialogar con el entorno — intersubjetividad — y luego, en cómo relacionamos esas masas huecas entre sí, donde comienza la intercorporalidad.
Nuestras edificaciones actúan como un recorte al horizonte. Es innato al ser humano querer poseer las cosas: el famoso “poseo lo que veo”. Por eso, el paisaje es el fondo sobre el cual habitamos. Ahora bien, los conceptos de masa-espacio y fondo-figura son relaciones, así como lo son la intersubjetividad o la intercorporalidad, pero a estas hay que añadirles otras referencias. Gormley, durante toda su vida trabajó en pro de averiguar las relaciones del cuerpo con el espacio, y su trabajo puede concluirse en la presencia de “capas”. El ser humano al igual que las demás cosas, posee capas que le ayudan a definir su posición en el mundo, a observar más allá del marco y poder reconocer lo que lo rodea.
Podemos explicar como el hecho de que no reconocemos algo hasta que deja de estar con nosotros, algo tan clave como los sentidos, los asumimos y ejercemos pero al momento de ser privados de alguno todo cambia, incluso la capa de orientación, al no saber dónde estamos (referente a algo, como el sol) ¿Cómo podríamos distinguir las coordenadas propuestas por Schmarsow? Es decir que somos totalmente dependientes a los estímulos externos para poder habitar, o tendríamos que replantearnos si desde la singularidad de mi cuerpo puedo reconocer el espacio y construir en él.
Es esta pregunta la que materializa Erwin Heerich en el proyecto escultórico-arquitectónico del Museo Insel Hombroich, en Neuss. Sus pabellones de ladrillo se dispersan sin señalización, sin jerarquía, sin una entrada declarada sobre un paisaje que los precede y los absorbe simultáneamente. Aunque algo en ellos evoca la condición de ruina, realmente es la de un objeto que pertenece al suelo antes que a quien lo construyó, no pensada para los intereses modernos de funcionalidad, sino para el recorrer del cuerpo y la experiencia.
El horizonte no desaparece frente a estos volúmenes — es recortado por ellos, invirtiendo las relaciones, siendo ahora el paisaje el intersticio de los pabellones, fragmentado en umbrales sucesivos que obligan al cuerpo a moverse para recomponerlo. Aquí no hay coordenadas dadas: el que recorre no sabe si está dentro o fuera, si ya llegó o si sigue en tránsito. Es el cuerpo, con sus capas de orientación de las que hablaba Gormley, el único instrumento disponible para habitar ese espacio. Heerich parece confirmar lo que Patočka intuía: que el mundo no es un conjunto de posiciones fijas, sino un campo que se abre en la medida en que el cuerpo lo recorre y lo interroga.
Esa misma tensión entre masa y vacío que habita Hombroich encuentra su formulación más precisa en el pensamiento de Chillida y Oteiza. Para Chillida, el vacío no es ausencia sino materia activa — aquello que las formas rodean y que el cuerpo, al moverse, aprende a leer. Oteiza lo lleva más lejos: su proceso escultórico culmina deliberadamente en el silencio, en la sustracción progresiva de forma hasta que lo que queda es el espacio contenido en su estado más puro. Ambos confirman lo que los pabellones de Heerich demuestran: La arquitectura no son coordenadas ni preexistencias, sino capas de una plasticidad que oscila entre lo que es y lo que se muestra, y que el cuerpo, al perderse en ella, es quien finalmente la completa.
Que texto tan solido, el argumento refuerza su estructura gracias a la composición de conceptos como la intercorporalidad de Maurice Merleau-Ponty, que funciona como una guia clara para atar escalas del horizonte y la ciudad que son macro, a escalas micro como puede llegar a ser el museo de Hombroich, y la conclusión al igual que el texto, son coherentes entre sí, se debe diseñar pensando en todos los sentidos, y en el cuerpo como protagonista del vacio, a lo mejor es un poco arriesgado decir lo que la arquitectura es, sin embargo es una definición valida, para la complejidad de conlleva definir esta disciplina.
ResponderEliminar