Figura-Fondo y Horizonte en la Ciudad
¿Cómo determinar la partida de la noción de ciudad? Es
importante para saber el sujeto del texto: la ciudad debe ser densa, esta
densidad produce excedentes que le dan relación, que permiten su sustento y
sostenimiento, sustentándose de su entorno y cualificando su producción y
consumo, y comparte con otras ciudades. Más allá de sus términos funcionales,
empieza a dirigirse como un sentido en plano Nolli —por así entenderla— la
conformación del horizonte en la creación del recinto urbano. Como Chillida creaba
la noción del punto que configura el sitio para dar resultado cultural más
complejo del lugar. Se busca conectar esta a una relación casi arquitectónica
en la ciudad, una noción que plantea orden y jerarquía.
Partiendo de la ciudad colonial como unidad compacta, la
perspectiva condensa el horizonte, creando un recinto cuadrilátero con calles y
carreras configuradas que daban una noción compacta que marca claramente este
punto de origen: la plaza. Más luego, este espacio crea actividad que produce
el lugar y desarrolla la orientación de la ciudad, el comercio, la pluralidad
funcional, permea el horizonte. Ahora bien, la calidad de la regularidad de ese
origen plantea un contraste con el crecimiento de la ciudad moderna que,
desordenada, empieza a desarrollar una figura del vacío configurada por puntos
de fuerza que empiezan a complejizarla. El río influye, el parque, el
transporte: modifican y transgreden la figura-fondo que se complejiza y
demuestra que la planeación queda atrás, dando resultados caóticos de difícil
lectura. Muy distinto de una costa como la de Chillida, marcada por esculturas
que marcan y jerarquizan y permiten la comprensión del individuo, o las
plataformas topográficas de Barragán que guían y se tamizan en la arquitectura.
Bogotá vive un caos figura-fondo en el que el perfil urbano deja a la
descontenta noción del individuo su caótico resultado, aunque no siempre: casos
como la Plaza Mayor o la calle Parkway plantean la posibilidad de que la apropiada
configuración del horizonte puede proporcionar más armonía a la percepción del
recinto urbano.
Sin podernos extender para llegar a fin, este
recinto puede ser tipificado para su desarrollo, pero es imperativo aclarar que
una vista figura-fondo es un acercamiento tenue a la búsqueda de una noción
atmosférica como la alcanzada por Barragán, por ejemplo. La ciudad necesita
esculturas —puntos de referencia literalmente— que se entrelacen con su
sociedad para que dignifiquen y den orientación, casi como las centralidades
resultantes en París. La ciudad necesita esas polipuntualidades, fuerzas que la
enriquecen y dan sentido a su figura urbana, y una lectura atmosférica y de
horizonte local llevada a la percepción métrica, la escala individual. La
entrega de la percepción: el intento de pintar para el espectador una obra
—como el artista piensa en el punto de perspectiva del espectador— el urbanista
igualmente debe entregarse a la ciudad para que nazca de ella la propuesta
locativa del horizonte.
Textos consultado:
Sugeridos en el curso y Castro, Jose. Orlando. Martinez. (2022). Formas arquitectónicas y aarquitectónicas del vacío urbano, caso de Bogotá [UPC]. https://doi.org/10.5821/siiu.10179
La idea de que la ciudad no se define únicamente por su crecimiento físico, sino por la manera en que organiza la experiencia de quienes la habitan, me parece uno de los aspectos más interesantes del texto. La relación entre la figura-fondo, el horizonte y los puntos de referencia permite entender que el espacio urbano no solo se construye mediante calles y edificios, sino también a través de elementos que orientan al individuo y le ayudan a reconocer un lugar como propio. Desde esta perspectiva, la ciudad deja de ser una suma de objetos para convertirse en una experiencia perceptiva donde el orden, las centralidades y los recorridos influyen directamente en la forma en que comprendemos y habitamos el territorio.
ResponderEliminarTambién considero valioso el contraste entre la ciudad colonial y el crecimiento contemporáneo, porque evidencia cómo la expansión desarticulada puede dificultar la lectura del espacio urbano. Sin embargo, más que entender este proceso únicamente como una pérdida de orden, creo que representa el desafío de proyectar nuevas centralidades y lugares de encuentro capaces de devolver orientación y significado a la ciudad. La arquitectura y el urbanismo no solo tienen la tarea de construir infraestructura, sino también de crear referencias, atmósferas y relaciones que permitan fortalecer el vínculo entre las personas y el lugar que habitan.