El cuerpo como prisión espacial
Schmarsow sostiene que el origen de la arquitectura está en nuestra "constitución psíquica". Para él, el edificio es una "emanación de la presencia del ser humano". Esta visión es absurdamente antropocéntrica. Al afirmar que "la creación espacial nunca se separa del sujeto", invalida la autonomía del objeto arquitectónico. Si la arquitectura solo existe en relación con los ejes corporales (arriba/abajo, delante/atrás), Schmarsow la reduce a una prótesis sensorial, ignorando que un edificio posee leyes físicas y climáticas que no dependen de que un humano esté allí para "proyectarse mentalmente" en él.
El desprecio por la materia resulta problemático por cómo el autor degrada el acto de construir. Califica al "esqueleto técnico" y al "gasto de materia" como simples medios que deben "pasar a un segundo plano" frente al fin estético. Schmarsow ve la piedra y la gravedad como estorbos o, en el mejor de los casos, como el "timbre de los instrumentos" en una orquesta. Es una postura elitista y desconectada de la técnica: pretende que la arquitectura sea un "arte libre" como la música, olvidando que, a diferencia de una sinfonía, un edificio que ignora su "cristalización rígida" se cae. Su "estética desde el interior" es un idealismo que desprecia el oficio tectónico.
La falacia del "germen universal"
El "método genético" de Schmarsow busca un elemento atemporal presente tanto en un iglú como en una catedral. Afirma que existe un "sencillo germen" en la mente humana que da inicio a la actividad arquitectónica. Esta premisa es históricamente ingenua. Al intentar universalizar el "sentido del espacio" (Raumgefühl), ignora las brutales diferencias culturales, sociales y materiales que separan a una "cabaña primitiva" de un edificio monumental. No hay un instinto espacial puro; hay necesidades técnicas y contextos políticos que Schmarsow decide ignorar para que su teoría de la "intuición espacial del hombre" encaje.
En conclusión, Schmarsow logra rescatar el concepto de "espacio", pero a un costo muy alto: despoja a la arquitectura de su peso, de su historia y de su técnica, convirtiéndola en un mero reflejo de la autoconciencia humana. Es una arquitectura sin edificios, donde solo importa lo que el sujeto siente al caminar.
A mí parecer la critica que se está haciendo frente a la intuición espacial que propone schmarsow se hace desde un punto de vista que aunque sea valido, no alcanza a capturar completamente su propuesta teórica, esto lo digo debido a qué la teoria que propone schmarsow no sacrifica conceptos clave para la humanidad como la historia y la cultura, pero sí plantea que frente a ellos y a pesar de la diversidad que tienen entre los mismos existe una percepción inherente para el humano frente al espacio, se busca acercar a algo más primitivo que una movilización social, o unas creencias, la teoria se plantea desde unas bases que están en el mundo previo al primer menhir, el horizonte, la verticalidad, nuestra vista frontal, son las bases desde las que se desarrola la teoria del espacio de schmarsov, no desde un rechazo al hombre sino desde un entendimiento más profundo del hombre, planteado unas reglas que no rechazan el contexto, sino que gracias a su entendimiento del mismo y de la historia, se vuelven universales.
ResponderEliminarConsidero que el texto plantea una posición crítica interesante frente a Schmarsow, pero siento que la argumentación termina simplificando demasiado el pensamiento del autor para poder refutarlo. En varios momentos se presentan afirmaciones como si Schmarsow negara la importancia de la técnica, la materia o la construcción, cuando en realidad su intención parece ser otra: desplazar el centro de la discusión hacia la experiencia espacial, no eliminar los aspectos constructivos de la arquitectura. Esto hace que la crítica se apoye en una interpretación bastante extrema del texto original.
ResponderEliminarAdemás, expresiones como "absurdamente antropocéntrica", "falacia" o "desprecia el oficio tectónico" le dan al escrito un tono muy categórico, pero no siempre van acompañadas de argumentos suficientes que las sustenten. En algunos casos parece que el autor del ensayo atribuye a Schmarsow afirmaciones que él nunca hace de manera explícita, lo que debilita la crítica porque termina discutiendo una versión exagerada de tu postura.
También considero discutible afirmar que entender la arquitectura desde la experiencia del cuerpo implique desconocer la autonomía del edificio. Un proyecto puede responder a condiciones estructurales, climáticas y técnicas, y al mismo tiempo reconocer que su sentido arquitectónico se completa cuando es habitado. Ambas dimensiones no son excluyentes. De hecho, gran parte de la teoría arquitectónica contemporánea busca precisamente articular la técnica con la experiencia, en lugar de enfrentarlas como si fueran conceptos incompatibles.
En ese sentido, pienso que el texto construye una falsa dicotomía entre materia y percepción, cuando probablemente el mayor aporte de Schmarsow consiste en mostrar que la arquitectura necesita de ambas. Reducir su planteamiento a una negación de la técnica termina dejando por fuera la complejidad de su propuesta y hace que la crítica resulte menos convincente de lo que podría ser.
El fragmento ofrece una crítica brillante y sumamente necesaria al idealismo arquitectónico de Schmarsow, desmantelando con lucidez ese sesgo antropocéntrico que pretende reducir una disciplina tan física a una simple proyección de la mente. Al contraponer la abstracción del Raumgefühl (sentido del espacio) frente a la realidad del oficio tectónico, las leyes climáticas y la gravedad, el texto acierta al recordar que la arquitectura no es música; si ignora la materia y su contexto histórico, colapsa. Su gran valor radica en rescatar la autonomía y el peso real del edificio, demostrando que una teoría de la arquitectura que desprecia el ladrillo, la técnica y la política termina por convertirse en una fantasía elitista, en una paradójica "arquitectura sin edificios".
ResponderEliminarMe llamó la atención la crítica que hace el texto al pensamiento de Schmarsow, especialmente cuando cuestiona que toda la arquitectura deba explicarse desde la percepción humana. Aunque creo que el cuerpo es una parte fundamental de la experiencia espacial, también considero que llevar esa idea al extremo hace que otros factores igual de importantes pierdan relevancia. La arquitectura nace del equilibrio entre las personas, la técnica y el contexto, no únicamente de una de ellas, ¿hasta qué punto es válido construir una teoría universal basándose solo en la experiencia del cuerpo?
ResponderEliminarCoincido en que Schmarsow no pretende negar la existencia de la técnica ni de la materia; mi intención no era afirmar que estas desaparezcan de su teoría, sino señalar que, dentro de su argumentación, quedan subordinadas a la experiencia espacial del sujeto. Precisamente ahí encuentro el aspecto más debatible de su propuesta.
ResponderEliminarConsidero que el edificio también posee una realidad propia, determinada por su materialidad, su comportamiento estructural, el clima y el contexto, aspectos que no dependen exclusivamente de la percepción del habitante.